Los dientes endodonciados son más frágiles que los dientes vitales, y esto se explica porque:

  • Al desvitalizarlos, la dentina sufre una deshidratación y pierde flexibilidad, esto hace que disminuya su dureza y su resistencia.
  • Estas piezas han sufrido una gran pérdida dentaria, por grandes caries, fracturas… esto disminuye la resistencia de la pieza.
  • Al desvitalizar el diente se pierden parte de los mecanorreceptores, que son un mecanismo eficaz de defensa ante fuerzas excesivas, por lo que existe una disminución de la sensibilidad a la presión y aumenta el peligro de fracturas dentales.
  • También sufren una alteración estética que podemos resolver con la restauración.

Antes de comenzar la restauración de la pieza endodonciada, deberemos valorar el estado del tratamiento de conductos, comprobar el tejido remanente dental del que disponemos, el soporte periodontal de la pieza, la morfología radicular, qué requerimientos estéticos necesita la pieza dependiendo de la posición en la boca y las fuerzas oclusales (masticatorias) que va a soportar.

Aunque el tratamiento de conductos haya sido un éxito, si la restauración no es del todo correcta, el tratamiento fracasará. Esto puede ocurrir porque el material provisional se haya caído antes de hacer la restauración definitiva, por haber retrasado demasiado la restauración final o por un incorrecto sellado coronario ya que se filtran las bacterias en sentido corono-apical (desde la corona hacia la raíz)

En conclusión, la restauración dental con una corona protege al diente frente a posibles fracturas, que se puedan dar como resultado de grandes fuerzas masticatorias sobre un diente desvitalizado, que es más frágil. En segundo lugar, y no por ello menos importante, una correcta restauración evitará la filtración bacteriana por lo que la endodoncia será todo un éxito.

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